No bien nos
sentamos, buscando un poco de descanso para tan agotador viaje, nos ofrecen las
mochilas, manillas y demás tejidos típicos de los Wayuus…
El lugar
escogido, por lo que vimos, la mejor opción que se pueda conseguir, “Hotel y
restaurante El Caracol”, un lugar sobre la playa muy bonito, ordenado y
económico, por el que pagamos por una habitación grande para los 3, $75.000 ($37 USD), con
energía eléctrica entre las 6:00 p.m. y 6 a.m. para los ventiladores (tiene
aire acondicionado, pero el precio se incrementa).
En este
lugar, nos recibe “Maturana” un Barranquillero muy buena gente, excéntrico,
pero atento, servicial y definitivamente todo un personaje…
Nos ofrecen
Pargo rojo (entre $15.000 y $18.000 según el tamaño (entre USD $7 y $9)),
Mojarra ($12.000 (USD$6)) y Langosta ($40.000 (USD$ 20)).
Como siempre
en la Guajira, comida muy fresca y deliciosa.
Después de
esto, desmontamos el equipaje y nos acomodamos:
Y claro,
después de acomodarnos, a disfrutar de la playa…
Bueno, no sin antes
comprar algunas manillas.
Este sitio es
sencillamente fabuloso, no se dejen llevar por la primera impresión, es cierto
que el camino desalienta hasta al más optimista, que la entrada del pueblo no
es prometedora y por supuesto el pueblo
mismo no es precisamente el más bonito a la vista, pero una vez que se ve la
playa, todo eso queda atrás..
Es una playa
absolutamente maravillosa, de aguas muy tranquilas, casi inmóviles, con
relucientes colores de muchas tonalidades y una ligera brisa, además pasan las
mujeres y niños Wayuus, hablando en su dialecto nativo, y por fortuna para
nosotros, por la época del viaje, hay muy pocos turistas, y como ocurre durante
todo el año, la mayoría de ellos, extranjeros.
La
tranquilidad y paz del lugar es incomparable, de inmediato cruza por nuestras
mentes pasar el resto de nuestras vidas en un paraíso como este, de abandonarlo
todo para adoptar una nueva vida, una vida sencilla, como dice la canción,
“alejado del bullicio y de la falsa sociedad…”, y que mejor que un lugar que de
inmediato cautiva, la primera vista de este lugar hace que una parte de nuestro
ser quiera pertenecer a este sitio, sin saber el porqué, sentimos la razón por
la cual es un sitio sagrado para los Wayuus, la sensación de grandeza, la
energía, la mística en el aire… no sé cómo explicarlo, sencillamente puedo
decir, este es un lugar realmente fantástico, y espero que cada persona que lea
este relato, tenga la posibilidad de conocerlo y sentir como te atrapa, te
transforma, mueve tu mundo y definitivamente no vuelves a ser el mismo después
de vivirlo…
Después de
pasar un rato en las tranquilas aguas, y de dedicar un rato a tomar algunas fotos,
es hora de intentar pescar.
Esto es algo
que nunca he hecho, pero tengo la esperanza de lograrlo, no cuento con caña ni
carnada, solo unos cuantos anzuelos y dos carretes de nylon.
Tomo una
botella que me servirá como flotador y lanzo el nylon con un anzuelo de colores
que parece una mosca lo más lejos que puedo (lo que es unos 8 o 10 metros) y me
lleno de paciencia y espero…
Después de
más de media hora, veo que esto no está dando resultado, no sé si me estoy
apresurando, si me falta paciencia, pero lo que sí sé, o bueno, lo que no se es
pescar, vamos a preguntarle al experto, por lo que le pregunto a Maturana.
Este pescador
experto, me trata enseñar una técnica interesante… en su primer lanzamiento,
manda el anzuelo a casi 70 metros, hasta acabar el carrete…
Espero un
rato, con mucha paciencia, pero nada cae... recojo el sedal, y me pongo a
practicar mi lanzamiento..
Después de 3
horas, cerca de la 1 de la mañana, ya puedo enviarlo a casi 40 metros… pero…
creo que me disloque el hombre…
Próxima
entrada: Día 5. De relax en el Cabo de la Vela

muy bueno y entretenido el relato de sus aventuras
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