domingo, 26 de mayo de 2013

Día 4. Camino al Cabo de la Vela.

Después de un muy buen descanso, la intención era madrugar y salir muy temprano del remanso, y al salir de la carpa, esto es lo primero que veo…


Es hora de partir, tenemos por delante un largo camino, el destino es el Cabo de la Vela, aunque la distancia no es tan larga, aproximadamente 200 kilómetros, al menos la mitad del recorrido es por carretera destapada, por lo que la idea es salir temprano.



Ver Camarones - Cabo de la Vela en un mapa más grande

Salimos de Boca de Camarones con una primera parada en Riohacha, lugar para abastecernos, sobre todo, de agua, ya que a partir de Uribía, se hace muy escasa. Como siempre, es muy importante estar pendiente del estado de las motos, se revisan niveles de aceite, se lubrican las cadenas, se calibra la presión de las llantas y se tanquea…


Por alguna razón que desconocemos, las estaciones de servicio no tienen gasolina, por lo que toca recurrir a las famosas pimpinas. La única ventaja, su precio, una pimpina, que es aproximadamente 5 galones por $23.000 ($12 USD), aproximadamente la mitad que en la mayor parte del país.


Nos detuvimos en el cruce donde abandonamos la vía Riohacha – Maicao, para seguir hacia Uribía, en este sitio, paran los carros que van hacia el Cabo de la Vela, hay algo de comercio, y se puede comer el famoso Chivo asado con Arepa, algo imperdible por estas latitudes.

Después de nuestra breve parada, seguimos hacia Uribía, en el último trayecto con vía asfaltada. Como en todo el recorrido por la Guajira, se debe ser muy cuidadoso, debido a que los animales, en especial las cabras, se atraviesan la vía, y en ocasiones, lo hacen justo cuando uno está cerca, y al sentir la cercanía de los vehículos, su comportamiento es absolutamente impredecible, en ocasiones siguen su camino, otras tantas, retroceden y otras más, se detienen, por lo que, lo mejor, en cualquiera de los casos, es aminorar la marcha y tener precaución.

En el lugar conocido como “Cuatro vías”, que es el cruce para seguir, al oriente, hacia Uribía, al occidente, hacia Manaure y al norte, y desde aquí, en terreno destapado, hacia la Alta Guajira y por supuesto, nuestro destino, el Cabo de la Vela.

De inicio, es una carretera en muy buen estado, por lo cual vamos muy positivos y a una buena velocidad, sin embargo, después de escasos minutos, llegamos a zonas, con mucha grava y barro, y desde allí, la primera y segunda, fueron nuestras marchas.

Algunos tramos estaban siendo intervenidos, aunque su intervención es, en esencia, nivelar el terreno.



En este punto del camino, los arbustos son cada vez más bajos, y los cactus comienzan a ser cada vez más frecuentes.

Tuvimos la fortuna de tener por un buen rato, un camino parcialmente nublado, sin embargo, el calor es extremo, no hay sombra, las camionetas del “Cerrejon” pasan a 90 Km/h, levantando sendas nubes de arena… Es un camino verdaderamente duro, agobiante y extremadamente desgastante.





Después de cerca de 2 horas de recorrido, encontramos un árbol con buena sombra, en el cual pensamos en descansar e hidratarnos.


Un funcionario del Cerrejon, nos saluda, nos comenta que vamos alrededor de la mitad del camino, lo cual no es alentador, ya que es cerca de medio día, y ya no hay nubes, por lo que nos toca seguir el recorrido con el sol sobre nuestros cascos.

En el kilómetro 125, encontramos un aviso que muestra un camino hacia el Cabo de la Vela, el cual no es el que tenemos contemplado, por lo que decidimos echar un vistazo.



En una pequeña tienda, conseguimos bebidas frías, y un señor de la región nos dice que siguiendo esta vía, podemos ahorrar más de una hora de camino, y que como no ha llovido, la carretera está en buenas condiciones, y como siempre, el comentario es: “con esas motos llegan en 15 minutos”. Este comentario nos llena de optimismo y tomamos la decisión de intentar el camino…


Bueno, lo intentamos, fueron cerca de 400 metros, el camino es un banco de arena suelta, las motos van serpenteando, no hay tracción y a cada metro de avance, parece que vamos a caer… mejor nos devolvemos y seguimos por el camino que va paralelo a la vía del tren, por lo menos ese camino es firme y la arena está apisonada.


Continuamos nuestro camino, sabiendo que aún falta un largo trecho…





Después de más de una hora de camino, finalmente vemos una seña que nos hace pensar que estamos cerca… el parque eólico Jepirachi.





Ahora, solo es cuestión de encontrar el cruce a la izquierda, el cual está a unos cuantos kilómetros.





Al cruzar las líneas férreas, se divisan 3 vías, por lo cual debemos preguntar cual debemos tomar. Nos indican que tomemos la de la mitad, la cual seguimos, con algo de desconfianza, debo confesar…






Esta parte del camino no está demarcada, no hay avisos, y es un giro casi en U, pues ahora, vamos hacia el sur - occidente. 

La única marca que nos da algo de esperanza son los postes de los cables de energía, los cuales nos indican que en esa dirección hay alguna población, sin embargo, el camino no es nada alentador...


Después de casi dos horas más por este camino, que nos pone serias dudas, llegamos a lo que parece un pueblo fantasma, sin avisos, ni letreros que nos indique donde estamos…


Con mucha desconfianza, preguntamos en la primera casa que vemos a alguien, quien nos confirma que efectivamente estamos en el Cabo de la Vela, y nos indica hacia qué lugar dirigirnos para ubicar un hotel, y claro, almuerzo, pues son como las 4 P.M. y después de este viaje tan difícil, merecemos una buena comida...

Bueno, ya no importa el, hasta ahora, más difícil y agotador recorrido de nuestro viaje, estamos en el Cabo de la Vela, les confieso, un sueño hecho realidad...

Próxima entrada: Día 4. En el Cabo de la Vela.

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