domingo, 9 de junio de 2013

Día 5. De relax en el Cabo de la Vela

Debido a lo difícil del camino, habíamos tomado la dolorosa decisión de no continuar hasta Punta Gallinas, es mejor decir no a tiempo, entender nuestras limitaciones, y no arriesgarnos más de la cuenta… Por otro lado, un día más en este paraíso, será una excelente recompensa para este largo viaje, además de permitirnos descansar y retomar energías, nos permitirá hacer alguna actividad diferente antes de emprender el camino de regreso.

Lo primero que hago al levantarme es ver cómo está el único fruto de la pesca de la noche anterior…


Bueno, si a esto se le puede llamar pesca




Un cangrejo ermitaño… o bueno, eso creo…

Lo conservé con la única intención de sacar una buena foto en la mañana…

Lo cual hago, y seguidamente, por supuesto lo libero, claro, no sin recibir el regaño de Maturana, quien me dice que estos cangrejos son una excelente carnada… pero les confieso, no podría haberlo sacrificado…




Después de dejar mi conciencia tranquila después de liberar el cangrejo, es hora de algo más.

Conseguimos 3 chalecos salvavidas, y nos aventuramos mar adentro en búsqueda de las “piedras”, un sitio del que nos habló Maturana, que no está muy lejos de la costa, en donde, según él, podremos ver muchos peces e incluso agarrar alguna buena langosta.

Los primeros 150 o 200 metros de mar, se caminan, lo que es bastante, pero no tanto para nosotros, así es que seguimos, pero ya nadando.

Comienzo a quedarme, y escucho de mis compañeros de viaje algo que es también mi propia impresión, el oleaje, aunque muy sutil, no nos permite avanzar, parece que nuestro esfuerzo no da resultado y en vez de alejarnos de la playa en nuestro camino hacia las piedras, el mar nos insta a volver a nuestro elemento, la tierra firme.

No nos rendimos, hacemos un esfuerzo y debemos continuar…. Seguimos por un buen rato, pero no encontramos la piedra, pero cada vez que volteamos a mirar hacia la costa, parece que todo está a la misma distancia, lo cual es bastante decepcionante.

De repente, vemos como se acerca una lancha, a la cual de inmediato hacemos señas y quienes vienen a nuestro encuentro.

“Señor, buenos días, estamos buscando las piedras, ¿nos puede decir si aún nos falta mucho?”  Fue nuestra pregunta

“Cuanto hace que la pasaron, les toca devolverse como 500 metros…”, “no deberían estar tan adentro del mar”, no insto uno de los pescadores, “esta parte ya es muy peligrosa”

No se imaginan la cara que hicimos, seguido de lo cual, una pequeña petición: “¿nos pueden acercar hasta la piedra?”

“Estamos de afán, vamos a nuestra faena de pesca, pero no los podemos dejar aquí súbanse y los llevamos”

Qué alivio, una bendición estos señores. Nos acercaron a la costa, lo que a mi parecer fueron más de 500 metros, podría llegar a decir que fue casi un kilómetro, y para sorpresa nuestra, el oleaje nos estaba alejando de la costa, todo lo contrario a nuestro parecer.

Saltamos de la canoa, no sin antes agradecer profundamente y pedirles que a su regreso nos buscaran en “el caracol”.

Comenzamos a buscar las piedras, y las encontramos. Estas no eran como no las habían descrito, grandes y en la que podríamos estar de pie… más bien eran pequeñas, puntiagudas y con esfuerzo podíamos mantenernos cerca. De repente, Paul, lanza una especie de gruñido, a lo cual preguntamos “¿Qué pasó?” y la repuesta fue: “algo me picó, me voy para la orilla”
Al parecer, fue víctima de la temible “agua-mala”. Nosotros mientras, tratamos de descansar un rato, de “caretear” y bueno, de regreso a la costa.

No bien llegamos a la playa, Paul ya estaba de vuelta en el mar, lo cual fue un tremendo alivio, pero yo quería descansar, me estaba comenzando a sentir muy mal, creo que estaba intoxicado…

Después de dormir un rato, llega uno de los pescadores que nos ayudaron en el mar, y trae consigo 2 tremendas langostas, las cuales me ofrece muy gentilmente por tan solo $10.000 (USD $5). Desafortunadamente para mí, estoy tremendamente intoxicado, a pesar de las ganas de comer langosta, no puedo pensar en comida, Paul está en el mar y Saúl no está cerca, por lo que no compro las langostas (algo de lo cual me arrepentí el resto del viaje… y aún, ahora)

Después de un rato, vamos a echar una ojeada al pueblo, 





















Siempre hay tiempo para la generosidad, y como siempre, Saúl, desborda de ella…


La cara de felicidad de los niños a quienes pudimos brindar un pequeño dulce, es algo maravilloso, sé que no es gran cosa, ni siquiera sé si está bien hacerlo, pero por un momento fuimos parte de algo que trajo felicidad...

El niño del fondo la foto, corrió por casi todo el pueblo, siguiéndonos, pero no para pedirnos dulces, o bueno, sí, pero además, por cada lugar que pasábamos, llamaba a los niños que estaban cerca, para que saliera por el suyo…

No fueron muchos dulces, pero si fueron muchas sonrisas… 



Desafortunadamente el tiempo es corto, y este lugar es muy grande y lleno de sorpresas, hay mil planes para realizar, y en estas cortas líneas, solo puedo tratar de describir algunas de ellas, pero les dejo este anuncio, no los conocimos, no los contactamos, pero les puede ser útil, si desean venir y disfrutar de todo lo que este maravilloso lugar tiene para ofrecer…


Bueno, seguimos nuestra pequeña vuelta por el pueblo…











Llegamos nuevamente al hotel, y nos encontramos con dos nuevos huéspedes, con quien de inmediato hacemos conversación, y como ocurre miles de veces en nuestro país, damos con un extranjero (Norte Americano) quien lleva varias semanas conociendo los rincones de nuestro país, y como ocurre también miles de veces, conoce y valora incluso más a nuestro país, de lo que muchos de nosotros lo hacemos.


Compartimos un rato de experiencias, y le sugerimos un par de lugares, que después de ver las fotos, no dudan en agendar para su viaje por la Guajira.

Llega la puesta de sol, pero una forma extraña, parece muy diferente al día anterior. Esta va a ser nuestra última noche aquí, hemos de disfrutarla…








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