Después de un muy buen descanso, la intención era madrugar y salir muy
temprano del remanso, y al salir de la carpa, esto es lo primero que veo…
Es hora de
partir, tenemos por delante un largo camino, el destino es el Cabo de la Vela,
aunque la distancia no es tan larga, aproximadamente 200 kilómetros, al menos
la mitad del recorrido es por carretera destapada, por lo que la idea es salir
temprano.
Salimos de
Boca de Camarones con una primera parada en Riohacha, lugar para abastecernos,
sobre todo, de agua, ya que a partir de Uribía, se hace muy escasa. Como
siempre, es muy importante estar pendiente del estado de las motos, se revisan
niveles de aceite, se lubrican las cadenas, se calibra la presión de las
llantas y se tanquea…
Por alguna
razón que desconocemos, las estaciones de servicio no tienen gasolina, por lo
que toca recurrir a las famosas pimpinas. La única ventaja, su precio, una
pimpina, que es aproximadamente 5 galones por $23.000 ($12 USD),
aproximadamente la mitad que en la mayor parte del país.
Nos detuvimos
en el cruce donde abandonamos la vía Riohacha – Maicao, para seguir hacia
Uribía, en este sitio, paran los carros que van hacia el Cabo de la Vela, hay
algo de comercio, y se puede comer el famoso Chivo asado con Arepa, algo
imperdible por estas latitudes.
Después de
nuestra breve parada, seguimos hacia Uribía, en el último trayecto con vía
asfaltada. Como en todo el recorrido por la Guajira, se debe ser muy cuidadoso,
debido a que los animales, en especial las cabras, se atraviesan la vía, y en
ocasiones, lo hacen justo cuando uno está cerca, y al sentir la cercanía de los
vehículos, su comportamiento es absolutamente impredecible, en ocasiones siguen
su camino, otras tantas, retroceden y otras más, se detienen, por lo que, lo
mejor, en cualquiera de los casos, es aminorar la marcha y tener precaución.
En el lugar
conocido como “Cuatro vías”, que es el cruce para seguir, al oriente, hacia
Uribía, al occidente, hacia Manaure y al norte, y desde aquí, en terreno
destapado, hacia la Alta Guajira y por supuesto, nuestro destino, el Cabo de la
Vela.
De inicio, es
una carretera en muy buen estado, por lo cual vamos muy positivos y a una buena
velocidad, sin embargo, después de escasos minutos, llegamos a zonas, con mucha grava y barro, y desde allí, la primera y segunda,
fueron nuestras marchas.
Algunos
tramos estaban siendo intervenidos, aunque su intervención es, en esencia, nivelar
el terreno.
En este punto
del camino, los arbustos son cada vez más bajos, y los cactus comienzan a ser
cada vez más frecuentes.
Tuvimos la
fortuna de tener por un buen rato, un camino parcialmente nublado, sin embargo, el calor es
extremo, no hay sombra, las camionetas del “Cerrejon” pasan a 90 Km/h,
levantando sendas nubes de arena… Es un camino verdaderamente duro, agobiante y
extremadamente desgastante.
Después de
cerca de 2 horas de recorrido, encontramos un árbol con buena sombra, en el
cual pensamos en descansar e hidratarnos.
Un
funcionario del Cerrejon, nos saluda, nos comenta que vamos alrededor de la
mitad del camino, lo cual no es alentador, ya que es cerca de medio día, y ya
no hay nubes, por lo que nos toca seguir el recorrido con el sol sobre nuestros
cascos.
En el
kilómetro 125, encontramos un aviso que muestra un camino hacia el Cabo de la
Vela, el cual no es el que tenemos contemplado, por lo que decidimos echar un
vistazo.
En una
pequeña tienda, conseguimos bebidas frías, y un señor de la región nos dice que
siguiendo esta vía, podemos ahorrar más de una hora de camino, y que como no ha
llovido, la carretera está en buenas condiciones, y como siempre, el comentario
es: “con esas motos llegan en 15 minutos”. Este comentario nos llena de optimismo
y tomamos la decisión de intentar el camino…
Bueno, lo
intentamos, fueron cerca de 400 metros, el camino es un banco de arena suelta,
las motos van serpenteando, no hay tracción y a cada metro de avance, parece
que vamos a caer… mejor nos devolvemos y seguimos por el camino que va paralelo
a la vía del tren, por lo menos ese camino es firme y la arena está apisonada.
Continuamos
nuestro camino, sabiendo que aún falta un largo trecho…
Después de
más de una hora de camino, finalmente vemos una seña que nos hace pensar que
estamos cerca… el parque eólico Jepirachi.
Ahora, solo
es cuestión de encontrar el cruce a la izquierda, el cual está a unos cuantos
kilómetros.
Al cruzar las
líneas férreas, se divisan 3 vías, por lo cual debemos preguntar cual debemos
tomar. Nos indican que tomemos la de la mitad, la cual seguimos, con algo de
desconfianza, debo confesar…
Esta parte
del camino no está demarcada, no hay avisos, y es un giro casi en U, pues ahora,
vamos hacia el sur - occidente.
La única marca que nos da algo de esperanza son los postes
de los cables de energía, los cuales nos indican que en esa dirección hay
alguna población, sin embargo, el camino no es nada alentador...
Después de
casi dos horas más por este camino, que nos pone serias dudas, llegamos a lo
que parece un pueblo fantasma, sin avisos, ni letreros que nos indique donde
estamos…
Con mucha desconfianza, preguntamos
en la primera casa que vemos a alguien, quien nos confirma que efectivamente
estamos en el Cabo de la Vela, y nos indica hacia qué lugar dirigirnos para
ubicar un hotel, y claro, almuerzo, pues son como las 4 P.M. y después de este
viaje tan difícil, merecemos una buena comida...
Bueno, ya no importa el, hasta ahora, más difícil y agotador recorrido de nuestro viaje, estamos en el Cabo de la Vela, les confieso, un sueño hecho realidad...
Próxima entrada: Día 4. En el Cabo de la Vela.



